sábado, 22 de julio de 2017

"LORCA, MUERTE DE UN POETA", LA VIDA DE UN MITO

Corría el verano del año 1986 en Granada y mi destino vital iba por derroteros muy diferentes a los que luego acaecieron, de tal manera que yo me dedicaba a forzar mi cuerpo de una manera metódica, llegando a hacer en torno a cuatro horas de preparación física diaria, que iniciaba muy temprano y a la par tenía que ir a un par de sitios que casi me obligaban a desplazarme de punta a punta de la ciudad de la Alhambra, de hecho mis entrenamientos gravitaban entre los barrios de Los Pajaritos y el Zaidín. La temprana hora tenía la lógica de evitar los rigores de la canícula, con lo que a media mañana, con la mayor parte de la carga hecha y sin pauta que hacer hasta la hora de comer, me dedicaba a explorar una bella ciudad que hasta esa fecha era prácticamente desconocida para mí.

Mi filosofía que, en la medida de lo posible, mantengo en la actualidad, era la de vagar por calles y plazas, sin mapa, para ir descubriéndola y sorprenderme al doblar cada esquina. En uno de esos paseos erráticos llegué a una plaza donde se percibía un gran bullicio, y rápidamente me di cuenta de que se estaba rodando una película. Por primera vez en mi vida estaba en un rodaje en vivo y en directo. La acción no tenía demasiado desarrollo, a la fachada de un edificio con pinta de antiguo, le habían colocado un cartelón que señalaba «Gobierno Civil» y en la puerta se situaban unos guardias, enfrente un grupo de figurantes vestidos de campesinos clamaba «Armas al pueblo». Allí estuve un ratejo, viendo como la escena se grababa varias veces hasta que imagino que me harté de la monotonía de la escena, no sin antes preguntar a la concurrencia que de qué película se trataba, y saliendo rápidamente de dudas, me informaron que era una serie de televisión dedicada a Lorca.

La serie, producida por TVE, se emitiría un año después, en el verano de 1987, y en ese momento yo no la pude ver, ni la vi jamás. Ahora por las vicisitudes de una pequeña reseña que tengo que hacer del genial poeta para una revista filatélica en la que colaboro, ha resultado ser el momento idóneo para verla.

Cataratas de tinta se han vertido sobre Federico García Lorca y, para ser sincero, demasiado centradas últimamente en monopolizar el momento de su muerte y las causas, y no tanto en dignificar su obra. Es evidente que fue una pérdida irreparable, pues su muerte con 38 años, en una pujante juventud literaria, nos privó si hubiera vivido más tiempo, de otras obras maestras de la literatura española.

Configurada en seis capítulos de una hora de duración aproximadamente, aunque el último, el de su muerte, duraba algo más, y dirigida por Juan Antonio Bardem, narra la vida del poeta granadino, desde su juventud (en principio, no gozaba de gran relevancia su infancia) hasta su muerte.

Antes de entrar a valorar su calidad técnica y otros detalles, resalta mucho en la serie que el personaje principal fuera interpretado por un actor no español, en concreto, por el británico Nickolas Grace, que a la sazón no tenía ni pajolera idea de nuestro idioma. Él relataba su papel en inglés (aunque los poemas los recitaba en español con un fuerte acento inglés) y el resto de actores en español. Si ya entraña dificultad el realizar un guión y sincronizarlo, el encajar este batiburrillo se convertiría en un hazmerreír para más de un actor. Todo tiene su explicación que, aun hoy, me sigue pareciendo una tomadura de pelo, y es que la producción pretendía que con un protagonista de habla inglesa, la serie se pudiera vender y hacer caja en consecuencia, en países de influencia anglosajona, y efectivamente la serie se pudo ver en Gran Bretaña y en Estados Unidos, pero en este caso, con el doblaje de todos los actores, excepto lógicamente, la voz de Grace.

Y me inspira que es una tomadura de pelo, porque no me parece tan brillante papel el que desempeña Grace, al que lo único que le favorece es su aspecto físico y una interesante variedad gestual que lo definen como un artista con muchas tablas, no obstante, hay algo que no cuadra, es como si no sintiera a Lorca, como si faltara esencia, tal vez haber olido azahar de Granada desde siempre para imbuirse del papel.

Pese a la trayectoria de militancia comunista de Bardem y las fechas en las que se produjo la serie, con el socialismo de Felipe González en el poder, no creo que esté especialmente politizada, creo que se hace un retrato mesurado y justo de la vida de Lorca y, sobre todo, de las circunstancias de su muerte.

Hace un buen recorrido por su vida, una vida que para un hombre que vivió en España a primeros del siglo XX, está llena de pasión. Una vida salpicada de increíbles experiencias que fueron forjando un mito alimentado por un montón de sensaciones.

Lorca nació en el seno de una familia bien y eso le permitió dar rienda suelta a su curiosidad e imaginación. La serie retrata bien sus primeras reuniones con jóvenes intelectuales en Granada y su posterior ingreso en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1919, donde conocería a firmas tan reconocidas e influyentes de nuestra cultura como Dalí, Buñuel o Alberti. También el pistoletazo de salida de la Generación del 27.

Se hace, a mi pesar, una escuetísima pincelada de su viaje a Nueva York en 1929, curiosamente y no había caído yo en eso, estuvo presente en la ciudad estadounidense cuando ocurrió el crac del 29; y digo que la pincelada es breve porque el propio Lorca reconoció que en sus nueve meses de estancia fue una de las experiencias más útiles de su vida. Me imagino que encontrar escenarios de la época en una ciudad tan enorme y «sin contaminaciones» sería un objetivo harto dificultoso para la productora.

De allí partió a La Habana donde también estuvo residiendo unos meses, y ya con la 2ª República en España, de la que era simpatizante y esto no se puede negar, creó La Barraca, grupo teatral universitario, con el que recorrió España entera y también parte de América.

Ya sabemos que a medida que avanzó el desarrollo de esa 2ª República, comenzó a tensarse la situación social y política, y Lorca estuvo en el punto de mira. ¿Por intelectual, por homosexual, por republicano? La serie no lo deja claro del todo, a la par que señala varios factores, probablemente nunca se sepa la razón, como no se sabe exactamente el lugar en el que fue abatido, sin duda, que era un elemento discordante con las fuerzas golpistas y eso lo precipitó todo.

A la altura de este análisis cabe decir que localicé perfectamente en el quinto capítulo el momento del rodaje que yo había presenciado treinta años antes. Por cierto, que al poco de comenzar a vivir en Granada en mi época universitaria y realizar un giro drástico a mi perfil profesional ya me di cuenta que aquel día yo había estado en la Plaza de la Universidad, que el edificio del supuesto Gobierno Civil no era otro que la Facultad de Derecho, y el monumento que preside la plaza es el de Carlos V, al que durante años vi ataviado con indumentaria diversa. Facultad en la que pasé muchas horas de preocupaciones y aprendizaje, pero al final de éxito. La serie cuenta con numerosas escenas que se desarrollan en el interior de ese edificio tan solemne y que me han hecho recordar viejas cuitas.

Precisamente una secuencia de escasos segundos, seguro que tardó en rodarse varias horas, días diría yo, si tenemos en cuenta la logística para organizar a todo el equipo, figurantes, escenario…, con lo que esto nos da la dimensión del inmenso trabajo que hay detrás de un rodaje.

La tendencia homosexual de Federico se muestra muy de puntillas, al igual que, pese al momento político en que se grabó la serie, tampoco se trata de hacer leña del árbol caído, creo que los aspectos que rodearon su muerte se tratan con bastante dignidad.

En cuanto a la calificación de la serie, creo que en general está bien, quizá me faltan pasajes de la vida de Lorca que se obvian, al igual que otros sin importancia se acentúan. El elenco actoral es razonablemente bueno, aunque algunos están claramente sobreactuados. Por lo demás, quitando el papel del actor principal, el británico Grace, que no me convence, la serie es bastante correcta.

Finalmente y retomando con lo que comenté al principio, sobre Lorca, poeta y escritor que es mundialmente conocido, y no hay estudiante que se precie que no haya leído algo de él, hay que dignificarlo con su obra; entiendo y respeto el interés por recuperar sus restos, pero estoy seguro de que hay algunos que se empeñan tanto en ensalzar a Lorca y apuran sus deseos de darle una merecida sepultura para utilizarlo como un símbolo político, que a buen seguro que jamás han leído ninguno de sus libros. Por cierto, Lorca es patrimonio de todos.

No hay comentarios: