domingo, 18 de junio de 2017

ÁNGEL CASAS Y "UN DÍA ES UN DÍA", FERMENTO DE LOS PROGRAMAS DE MEDIANOCHE

Confieso que alguna vez me sentí atraído por los late night, era la época de Pepe Navarro con «Esta noche cruzamos el Mississippi» y luego, creo que con más afán con Sardá y sus «Crónicas Marcianas», el cual fagocitó al anterior. El espectáculo en una hora golfa, como era la franja de medianoche, permitía todo tipo de licencias, inimaginables en la programación de la mañana o de la tarde, y se proclamaba un nuevo formato de programas de entretenimiento, heredado de Estados Unidos, que se alimentaba de actualidad, de carnaza, de un producto de usar y tirar, que como es lógico, apasionaba al gran público, que buscaba en la nocturnidad de sus casas un aliciente para no caer en el aburrimiento y la rutina de un sueño tan necesario como improductivo.

Quiero imaginar que yo consumía aquellos programas porque coincidió en que mi vida estaba menos presionada, ya no tenía que estudiar, y acostarse tarde (por encima de la una de la madrugada) no suponía gran esfuerzo para mí, y lo que me captaba era el entretenimiento sin más, aunque ya se colara varios pueblos o fuera el fermento de la telebasura que hoy acompaña a muchas televisiones. A mí me entretenía, y estoy seguro de que si en algún momento me aburrieron esos programas, corté la televisión y me fui al catre.

La televisión en España tras la democracia fue abriéndose paso al calor de lo que las tendencias en otras televisiones europeas y norteamericanas iban mostrando, y Televisión Española mejor que peor, yo creo que no lo hacía mal aun siendo monopolio hasta 1989, y la irrupción de los nuevos canales privados lo que hizo fue engrasar más la máquina.

Siguiendo esa estela, Televisión Española, a través de un monstruo de la radio como era Ángel Casas, proyectó a través de la productora de este un programa que pretendía gravitar sobre la franja horaria que sigue siendo la crítica, la más caliente y apetecible para las televisiones, esa que pretende atraer a todos los adultos españoles que después de cenar no tienen cosa mejor que hacer que sentarse delante de la pequeña pantalla; esa franja que es demasiado tardía en España porque no empieza antes de las diez y media. Nada ha cambiado en nuestro país en prácticamente un cuarto de siglo en cuanto a horarios, porque el programa que capitaneaba Ángel Casas también se anunciaba para las once menos cuarto, y entre pitos y flautas, y anuncios, siempre comenzaba al filo de las once, algo que no entendía mucho antes y tampoco entiendo ahora.

Bien es cierto que «Un día es un día» no era un programa diario, se emitía solo un día de la semana y laborable, en concreto los jueves y todavía no rezumaba ese empeño mediático de creación de corriente de opinión y de cierto fanatismo que se arrogaban los programas de Navarro y Sardá, pero estaba en una vertiente similar. Creo que estuvo un par de temporadas en emisión, tal vez años 1990 y 1991.

Ángel Casas tenía mucha experiencia en radio, fundamentalmente musical, y ese bagaje televisivo lo adquirió como el poeta, hizo el camino al andar. Primero presentó el espacio televisivo Popgrama, uno de esos buenos programas de música que tuvimos con el inicio de la democracia, que nos traían la música de actualidad y actuaciones en plató de muy diversos grupos; programas que se echan en falta y mucho en la actual parrilla televisiva. En este formato Ángel se encontraba en su salsa.

Con el salto a un programa donde la entrevista y cierto chisme, eran los emblemas, Ángel quizá no cuadraba tanto, no era un tipo bien parecido, tampoco daba la impresión de que se sintiera cómodo del todo, porque se le apreciaban muchos tics radiofónicos, pero todo eso se compensaba con su audacia en las entrevistas y el perfil de sus entrevistados, algo de lo que se encargaba su productora.

Si por algo se caracterizó aquel programa es porque, aparte de realizar entrevistas de actualidad y de temática general, también destapaba el germen de esos programas de medianoche de los años 90, y también de esos otros que hoy monopoliza Telecinco, como elemento primordial de su programación, que se pudieran catalogar en lo que antes era prensa rosa, y hoy es prensa rosa, pero también chusca, zafia, anticultural y degradante.

Es verdad, «Un día es un día» traía a personajes de rabiosa actualidad de esos que copaban las revistas del corazón que yo particularmente tenía ocasión de repasar cuando iba a una peluquería o mi madre las compraba (no ha sido mi madre compradora habitual de este género y de vez en cuando se hacía con alguna cuando había alguna boda real o algún acontecimiento con mucho boato). Si algún personaje más o menos famoso, español o extranjero, era portada de esas revistas, podía ser el objetivo de «Un día es un día».

Ahí sí que era bueno Ángel Casas, sin obviar que llevaba unos guiones muy bien preparados, el periodista era capaz de generar un ambiente desenfadado, tal que los entrevistados parecían abrirse y contar todo tipo de intimidades, cuando no los ponía en un aprieto. En unas declaraciones a un semanal de la época este señalaba con cierto descaro al respecto: «Doy cuerda a mis invitados para que ellos se ahorquen».

El programa tenía una buena muleta musical, muy buena, en ese sentido, Casas quería imprimir todo su carácter y su bagaje, en un mundo que él conocía al dedillo, y por su plató (el programa era en riguroso directo) pasaban multitud de cantantes y grupos de la más rabiosa actualidad y otros más clásicos, hasta tres en un mismo programa que solían interpretar incluso dos temas y muchas veces en directo, de ahí que casi se podría decir que en un 25 o 30 % era un programa musical.

Al hilo de los dos párrafos anteriores hay una grabación de uno de sus programas en Internet en el que antes de su actuación interpela al cantante de salsa puertorriqueño Lalo Rodríguez, aquel de «Devórame otra vez», que en una entrevista insólita empieza a preguntarle por frases concretas de una de estas canciones (ya se sabe que la salsa, la bachata, la cumbia o la rumba suelen tener letras muy calientes que quieren decir descaradamente lo que quieren decir sin demasiados rodeos); y yo creo que Lalo pensó que le estaba pillando un tren, porque se sintió enormemente incómodo al tener que explicar qué significaban las letras que cantaban sin parecer un guarro, un depravado o un salido.

Por cierto, que aparte de todo lo referido en esta entradilla hasta ahora, si por algo se caracterizaba el programa y, los que lo veían seguro que recuerdan, es por algo que aún no he anotado, y es que el fin de fiesta, para darle más anarquía a un programa que se podría denominar del genero magacín o de variedades, lo protagonizaba un striptease, y que yo recuerde siempre lo llevaban a cabo mujeres, no era integral. Bueno poco comentario más sobre esto, que hoy estaría superado, pero en el año 90 la audiencia española aun tenía la herencia de muchos años de restricciones y Ángel Casas y su equipo sabían perfectamente que colocando la guinda al final del programa conseguían tener pegada a la gente enfrente de la tele aunque el contenido del resto les pudiera interesar más o menos; táctica que de algún modo también practicaron años más tarde Pepe Navarro y Sardá.

Ángel Casas siguió en la televisión con programas de menor calado que este, porque este es con el que se dio a conocer para el gran público y últimamente fue director de Barcelona Televisió (canal municipal) hasta su jubilación en diciembre de 2014.

1 comentario:

Capitán Simpatía dijo...

Recuerdo que en un programa especial de fin de año, 3 o 4 chicas hicieron un desnudo integral.
Fue el segundo striptease integral de la televisión en España, y menudo alboroto formó.