sábado, 11 de noviembre de 2017

AQUEL HELADO QUE BAHAMONTES SE COMIÓ EN EL TOUR DE FRANCIA

El ciclismo es un deporte que siempre me ha apasionado y al que me aficioné más todavía cuando en mi infancia-juventud comenzaron a retransmitirse en directo los finales de etapa por televisión. Ciertamente que con los últimos acontecimientos de dopaje, con el execrable caso de Lance Armstrong, he perdido bastante interés en seguir las grandes vueltas, porque tengo esa latente sospecha de no saber si lo que estoy viendo es real, o pasados unos años las clasificaciones se van a alterar a causa de ciclistas suspendidos por consumir sustancias dopantes.

Hasta la llegada de los Delgado e Induráin en España vivíamos de las rentas y los medios de comunicación nos recordaban las hazañas de ciclistas míticos como Federico Martín Bahamontes y Luis Ocaña. Esos dos ciclistas eran los que recordábamos los niños de mi época, cuando queríamos alentar desde la distancia a la nueva hornada de corredores que se aprestaba a competir cada año en el Tour de Francia.

Luis Ocaña pese a ser más joven, nos parecía más lejano por aquello de que hablaba español con un fuerte acento francés y es que a pesar de haber nacido en Cuenca desde muy niño se crió en Francia, un gran corredor eclipsado por el enorme belga Merckx; un Ocaña que fallecería prematuramente, acuciado por las deudas y las enfermedades, pues se suicidaría poco antes de cumplir los cincuenta años. Más simpatía despertaba Bahamontes, porque parecía encarnar los rasgos de la furia hispánica: esfuerzo, abnegación, raza, superación...; eso y aunque resulte reiterativo también españolidad, porque Bahamontes era y es (aún vive en 2017, ya anciano) más español que la tortilla de patatas y su apodo de «El Águila de Toledo» que subrayaba sus gestas, lo hacían más mítico. Y es que era el prototipo que siempre se le ha atribuido al ciclista español, de raza escaladora, menudo y fibroso, fiel a un país que es el segundo más montañoso de Europa, tras Suiza. Su extracción humilde, su explosión casi inesperada, el ser un raya en el agua hacían de Bahamontes el paradigma del héroe deportivo español (de la dictadura). Y encima el apellido contribuía, era raro, diferente y en una interpretación interesada qué mejor apellido que Bahamontes para alguien que se encontraba en su salsa subiendo montes y montañas.

A todo esto, casi desde que tengo uso de razón (deportiva) se contaba una anécdota del gran Bahamontes que venía a ser la siguiente: Bahamontes era especialmente bueno en la montaña, no en vano en su carrera consiguió ser seis veces el Rey de la montaña, siendo en la actualidad el segundo hombre que más Premios de la montaña obtuvo en la ronda gala tras otro superclase como fue Richard Virenque, y homenajeado en la edición número 100 del Tour (2013) en el que se le nombraba oficialmente el mejor escalador de la historia de dicha competición. Se cuenta que en una etapa del Tour y subiendo un col (que es como se llama a los puertos en francés), se fugó con tal facilidad como el que va de paseo por un parque y se encaramó a la cima con tantísima diferencia que, en un sorprendente gesto de ¿chulería?, se bajó de la bici y se pidió un helado para esperar al pelotón. Es más, la «leyenda urbana» explicita que se pidió exactamente dos bolas y, además, de vainilla.

Siempre me ha parecido una historia tan increíble, casi un bulo que me pareció que había llegado el momento de saber algo más de ella.

Curiosamente en esta era de la información, de tal anécdota se disponen de escasos datos fidedignos. En varias webs se hablaba de un acontecimiento que levantó gran expectación, tanto que a Bahamontes se le echó encima un nutrido grupo de periodistas cámara en ristre, dispuestos a sacar la instantánea del toledano rechupeteando el helado. Pero no, no he encontrado ni una sola foto en Internet con Bahamontes ejerciendo de inopinado turista, cual dominguero que se come su helado para relajar las piernas después de un rato de marcha.

La primera cuestión que siempre me he planteado es la de qué sentido tenía dilapidar una ventaja tan clara cuando podía seguir hasta llevarse la etapa, o aspirar a algo en la General, porque Bahamontes cabe recordar que solo ganó un Tour. En la calle se decía que igual que subía con extremada facilidad, era más bien cagón en las bajadas y prefería esperar, algo que tampoco me cuadraba.

Lo cierto es que no solo hay ausencia de fotografías, sino que la información que se encuentra al respecto es casi nula en español e incidentalmente se habla en algunas páginas francesas.

Probablemente, atendiendo a una máxima de una de mis compañeras de trabajo, hay que acudir a la fuente y con toda seguridad aquí la fuente más fiable es la del propio Bahamontes. Sin embargo, apenas he encontrado una web en la que un periodista señala que habló una vez con el ciclista y le comentó lo que ocurrió, pero a falta de eso sorprende que no haya mucho más, ni incluso algún vídeo o alguna entrevista del propio Bahamontes que sigue afortunadamente entre nosotros, hablando del asunto del helado.

Yo no trataré de establecer una verdad absoluta, pero sí que intentaré arrojar un poco de luz con las modestas investigaciones que he llevado a cabo.

Corría el año 1954, año en el que un osado Bahamontes debutaba en el Tour de Francia, la carrera que a la postre le daría la máxima gloria. Un tanto desconocido para el gran público, en cuanto empezó a aparecer la montaña en las primeras etapas ya se destapó como un animador de la misma por su aparente facilidad para moverse cuando la ruta se empinaba.

Más de mediada la carrera, en concreto se disputaba la 17ª etapa de Lyon a Grenoble, corría el 26 de julio del citado año, una típica etapa alpina; por entonces el atrevido Bahamontes ya se postulaba como Rey de la montaña, y en mitad de la etapa emprendió una fuga junto con otros compañeros. Y fue al paso del Col de Romeyere cuando en teoría pasó lo que pasó.

El periodista de «El mundo deportivo» R. Torres en la crónica de ese día hace referencia incidental del helado como algo muy anecdótico, y que el tal puerto, apuntado como de 2ª categoría, en realidad tenía más dureza y, sobre todo tal estrechez que apenas podían cruzarse dos coches. Las crónicas de la época, por cierto, eran muy poéticas y mucho más literarias que las de hoy.

Y sí, Bahamontes coronó en primer lugar y a tan solo cinco segundos el francés Le Guilly, según cronometraje oficial, aunque R. Torres refiere en su crónica un textual «eran más», y a continuación a más de minuto y medio otro grupeto de escapados. R. Torres señala que en la bajada de ese puerto pincha, aunque luego se confirmaría que fue rotura de rueda y pedal, y antes la presencia de coches de asistencia no era tan rauda como ahora, por lo que la crónica habla de que se le fueron tres minutos como poco. Prácticamente todo lo que refiere este periodista es de oídas, de testimonios de terceras personas, y al respecto del asunto del helado señala textualmente y tras el incidente de la avería: «¿Qué otra contrariedad había tenido nuestro Quijote? Ninguna. El colega Elliot ha dicho que lo vio descender tranquilamente de la bicicleta y pedir en un bar un helado. ¡Vaya, un “Frigo” como diríamos en Barcelona!».

Aparte de este comentario indirecto y escueto hay un hecho cierto y es que aquella etapa la ganaría el francés Lucien Lazarides y Bahamontes llegaría con un retraso de más de doce minutos. El toledano luchaba abiertamente por la clasificación de la montaña y tras esta etapa alcanzaría los 58 puntos por 29 del bretón Louison Bobet; y para nada le interesaba la General, porque antes de esa etapa ya tenía un retraso de más de una hora, por lo que se podía tomar un helado o los que quisiera porque su cometido fundamental era el reinado de la montaña y el sustancioso premio que se llevaría y se llevó por ello.

De algún modo, el hecho de que existiera el tal helado, que fue más un entretenimiento que una chulería, se confirma con esa declaración a la que hacía referencia al principio de que un periodista amigo de Bahamontes alude que este le comentó que más o menos fue eso lo que ocurrió, que tuvo que esperar a que llegara el coche de la selección española de ciclismo (antes se competía en el Tour por selecciones y no por equipos o marcas comerciales) con otro mito como fue Julián Berrendero, que ejercía de Director. En todo caso, el helado no sería en lo alto del Col de Romeyere y, o bien, fue en la bajada, donde se refiere que Bahamontes perdió unos tres minutos, o más adelante, pues pudo tener una nueva avería, a tenor de los doce minutos que perdió en meta.

Curiosamente al hilo del helado aunque no hay demasiada información como buena «leyenda urbana» se han generado tantas versiones, tantos añadidos que se puede considerar una serpiente multicéfala, que si lo del helado era una costumbre, que el pinchazo lo provocó un coche belga, que si fue un batido de chocolate en vez de un helado, y hasta que alguna cerveza o un carajillo también cayó.

Bahamontes es un deportista mítico e histórico, ni era cagón en las bajadas, ni chulo en las subidas, siempre se caracterizó por ser racial, muy extrovertido, pero su clase quedó y queda fuera de toda duda. En ese año 1954 de su debut ganaría el Gran Premio de la montaña, en 1959 ganaría la ronda gala y numerosos logros lo encumbraron para ser hoy uno de los deportistas más importantes de nuestra historia.

El bueno de Federico, ya retirado, montó una tienda de bicis en Toledo y siguió auspiciando equipos ciclistas, y su nombre seguirá oyéndose eternamente en el mundo del ciclismo, más allá de que alguna vez el hombre se comiera un helado esperando a que le arreglaran su máquina, lo cual no deja de ser una simpática anécdota.

sábado, 4 de noviembre de 2017

"PULGASARI", DE SHIN SANG-OK

No es fácil encontrar noticias fiables sobre Corea del Norte desde hace ya años, el peculiar hermetismo del régimen es lo que nos han vendido los medios de comunicación occidentales, lo cual puede que sea muy cierto, pero en esta época que vivimos de la posverdad y del exceso de información, a veces se puede producir la paradoja de que estemos tremendamente desinformados, o informados solo de lo queremos oír.

Asumiendo que ese hermetismo tiene bastante de real, me va costando más trabajo pensar que un país que no es pequeño precisamente, tiene veinticinco millones de habitantes, dispone de una estructura organizativa tal para oprimirlos y cortar la cabeza a todo el que saca los pies del plato. Algún nivel de desarrollo se percibe con solo observar las infraestructuras de que dispone (vía Google Maps), muy superiores a la mayoría de los países africanos; los logros deportivos también denotan que hay un tejido bastante profesionalizado, o al menos, bastante maduro, así en fútbol masculino y, sobre todo, femenino dentro de los deportes colectivos y luego en deportes individuales destacan en halterofilia y lucha.

En fin, no quiero parecer muy permeable al régimen del histriónico Kim Jong-un, del que por cierto se dicen muchas barbaridades pero pardillo no es, porque vivió y estudió en su juventud en Berna (Suiza) y habla alemán e inglés; pero tampoco quiero aceptar pulpo como animal de compañía y comprar que Corea del Norte es un país metódicamente oprimido y que toda su población está hambrienta.

Dicho esto, ya llevaba tiempo, años diría yo, detrás de una película norcoreana, o más bien la película. Sí, porque yo sabía de la existencia de esta película casi desde que nació este blog, y la puse en mi cabecera de descargas de eMule, pero pasaban los años y aquello no se descargaba, lo hacía con tal lentitud que calculé que tardaría décadas, parece como si desde Pyongyang sacaran con cuentagotas cada segundo de aquella película, sabedores de que un tiíllo de un pueblo de Jaén quería verla y me habían pillado.

Después de varios años haciendo poco caso o ninguno, y las escasas veces que consultaba percibía que la descarga estaba en un estado durmiente, hace apenas unas semanas vi que ya se había descargado sorpresivamente. Acudí con celeridad a ver si esa era la película que yo quería ver (porque en Internet ya se sabe) y sí, solo que en la versión original, es decir, en coreano. Recordé que a la par que ordenaba la descarga, tan lejana en el tiempo, también me había descargado los subtítulos en español, que siempre son un recurso para ver películas raras o de lejanas latitudes; pero no encontré el archivo, a buen seguro que lo había borrado previendo que desde Corea del Norte jamás permitirían que yo viera la película.

Sin embargo, me dispuse a buscar los subtítulos en español en algunas páginas web que funcionan muy bien, y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que la película yacía, tan inocente ella, en YouTube, lógicamente en coreano pero con los subtítulos en español, con lo que mayor comodidad imposible.

Resulta extraño que alguna película norcoreana haya sobrepasado sus fronteras y no ya solo que se haya podido visionar en países europeos o Estados Unidos, sino en sus vecinas Corea del Sur, Japón o China, con las que puede tener alguna afinidad cultural; pero esta sí traspasó esos muros, muy probablemente para no parecer tan herméticos.

La película fue toda una operación política, vamos por partes, para su rodaje se contó con un relativamente conocido director surcoreano, Shin Sang-ok, aunque nacido en territorio norcoreano en 1926, época en que ambas Coreas eran solo una. No queda claro si fue contratado, como manifestó el régimen de Corea del Norte, para impulsar la industria cinematográfica de aquel país; o secuestrado junto a su mujer como se defiende desde medios occidentales. Lo cierto es que Shin Sang-ok dirigió siete películas en ese país entre 1983 y 1986 y esta, Pulgasari, de 1985, es la más relevante.

Hay que imaginar que toda esa industria habría de pasar por el tamiz gubernamental y ser parte esencialísima de su maquinaria doctrinal, es decir, que sirviera para ensalzar los valores patrios, qué menos. Pero en esta película se dio un paso más, no solo dar ese salto simbólico al exterior, sino que también fuera cualitativo, o sea, para darse a conocer al mundo había que hacer algo que llamara la atención.

Kim Jong-il grabando Pulgasari
Así que Kim Jong-il, el padre del actual presidente Kim Jong-un, fue el que se puso al frente de la producción ejecutiva y, de hecho, hay fotos en Internet en las que se le ve cámara en ristre dispuesto a mostrar, porque yo lo valgo, su sapiencia en el séptimo arte, y su omnipotente vocación por educar a su pueblo convenientemente.

En esa labor ejemplarizante y aperturista, se escogió una temática que, con las debidas distancias, tiene algún parecido con Godzilla, es decir, trata sobre una especie de monstruo mitológico que tiene una ética muy particular, defiende a los oprimidos y ataca a los opresores.

La acción se desarrolla en la Edad Media, siglo X aproximadamente, aunque es bastante atemporal, es decir, que podría valer si dijéramos que se sucedía en el siglo XVIII, y ahora señalaré por qué ya que hay alguna que otra pifia histórica.

En un humilde poblado viven sus habitantes dedicados a sus menesteres, el sector primario y una pequeña industria que abastece de herramientas a los agricultores y labradores. Taksae es el veterano herrero del poblado que forja esos instrumentos de labranza y es también, de algún modo, el forjador del espíritu de sus vecinos.

Las huestes del rey llegan al poblado y exigen un impuesto «revolucionario» consistente en el pago con todo el hierro disponible (forjado o sin forjar), lo que supone una sentencia de muerte, puesto que les limita la explotación de sus recursos; esto genera notable confusión en la gente, que intenta rebelarse, lo que provoca la prisión de buena parte de los hombres.

Taksae como miembro relevante del pueblo es sometido a torturas y muy particularmente lo dejan sin comer para que muera de hambre. Su hija Ami acudirá a la prisión y con dificultad conseguirá hacerle llegar unos puñados de arroz. Taksae ya casi en su lecho de muerte, recogerá a duras penas ese arroz, no para comerlo sino para moldear junto con arena un muñeco parecido a un lagartito, con el deseo último al cielo de que su última creación hecha desde el corazón pueda ayudar a su pueblo injustamente tratado.

Con Taksae muerto, su familia recuperará sus pertenencias y el pequeño juguete al que llamarán Pulgasari (hay que decir que en toda la película sus personajes se dirigen a el como Pulgasari-a, imagino que son cosas del idioma coreano). Casualmente una gota de sangre de Ami caerá sobre ese simbólico regalo y el muñeco cobrará vida. Pulgasari tiene la particularidad de alimentarse de hierro, y a medida que come se hace más grande.

A la par que va creciendo ya se va apreciando su ética y el compromiso con los más desfavorecidos, de tal guisa que no solo libera a los jóvenes de su pueblo que aún estaban presos, sino que se convierte en una terrible amenaza para el régimen monárquico.

Los súbditos del rey urden estrategia tras estrategia para intentar eliminar a Pulgasari, pero fracasarán una y otra vez. A la postre, la historia termina con final feliz, pero con una poética paradoja, Pulgasari no puede dejar de comer hierro y, siendo el salvador de su pueblo, también es ya una amenaza, pero hay un horizonte de esperanza…

Hay algunos aspectos interesantes de la película, retomando con lo que señalaba unos párrafos más arriba; Kim Jong-il, erigido en benefactor de la misma, contrató a técnicos japoneses para los efectos especiales; y como ya he comentado en alguna ocasión en esta bitácora, uno de los principales retos a los que se enfrentaban antes las producciones cinematográficas y televisivas es el pago de extras, algo que hoy se resuelve con programas de diseño por ordenador; así que para tal fin, y con ocasión de las batallas que se suceden entre las tropas reales y las ordas del pueblo capitaneadas por Pulgasari, Kim Jong-il hizo que no menos de diez mil extras pertenecientes al ejército norcoreano participaran en las grandilocuentes escenas de exteriores.

Lo cierto es que, en contra de lo que pueda parecer, y partiendo de la premisa de que la temática de monstruos no es santo de mi devoción, la película se deja ver, es entretenida; los efectos especiales no están nada mal, se percibe que hay muchas maquetas, que son las que Pulgasari se encarga de destruir, y el propio Pulgasari no está mal conseguido.

Ahora bien y como también he referido antes, hay un arma que utilizan los ejércitos reales que me parece que está fuera de sitio, pues atacan a Pulgasari con unos cohetes incendiarios que más parecen misiles actuales que otra cosa.

En definitiva, una película que no aburre, que tiene el interés y la curiosidad de saber algo del cine del país de donde procede, puesto que casi se puede considerar la producción norcoreana más conocida fuera de sus fronteras patrias; y que vista hoy y conociendo lo que ocurre en Corea del Norte, quien dice pueblo oprimido por un rey, también podría pensar que la opresión la ejerce el que tiene el poder y lo administra arbitrariamente, como sucede hoy al parecer. Pensar que el Pulgasari que necesita Corea del Norte es Donald Trump tampoco me alienta.

sábado, 28 de octubre de 2017

EL INQUIETANTE FUTURO DE LA PROVINCIA DE JAÉN

Hace bastante años, casi dos décadas, yo escribía en una revista local de tirada erráticamente mensual, y dejé de hacerlo porque se convirtió en corrupta. El título de mi sección (de opinión) era el mismo que el que da título a este blog. Por aquel entonces guardaba todos mis archivos en discos de 3½ y he querido rescatar un artículo para tomar frases textuales, pero tras veinte años el disco caprichoso él, es siniestro total.

Recordaba con bastante nitidez que una vez escribí sobre la situación de la provincia de Jaén que en los últimos coletazos del siglo XX ya era la última provincia de España en muchos índices y especialmente en la renta per cápita, y eso sí, la primera o de las primeras en paro. Pasado el tiempo no hay nada nuevo bajo la luz del sol, si no somos la última provincia de España somos de las tres o cuatro últimas y en cifras de paro seguimos mal, veinte años dan para mucho pero para la economía está claro que ha sido un suspiro.

Por entonces achacaba como una de las causas de estas ingratas posiciones al desinterés de nuestros políticos. Y ponía un ejemplo gráfico en el que representaba cómo se había utilizado la circunscripción electoral de Jaén por los distintos partidos políticos de catapulta de «barones» ajenos a la realidad provincial, en el más absoluto desprecio de la ciudadanía. Realidad que se constataba hace años con Landelino Lavilla de UCD, Fernando Morán del PSOE, y más recientemente Elvira Rodríguez del PP o el inefable Diego Cañamero; todos ellos incapaces con absoluta seguridad de nombrar más de diez municipios de la provincia de Jaén, que jamás han dormido dos días seguidos en nuestra provincia y que a buen seguro si caminaran solos por alguna de nuestras cuatro o cinco ciudades más populosas se perderían. Con estas credenciales difícilmente iban a defender los intereses de sus votantes directos antes que las consignas de su partido. Porque en España, por si alguien no se ha dado cuenta, es más importante el partido que el territorio al que se representa.

Hace apenas unas semanas que se celebró en Linares una manifestación bajo el lema «Linares y su comarca no se rinden», y a la par que me iba haciendo eco de lo que se movía en los días previos, y en la posterior marea humana, que fue todo un clamor, reflexionaba acerca de los efectos que este movimiento podría tener a corto, medio y largo plazo. Y pensando en lo que escribía hace veinte años y en la realidad actual no podía sentirme más abrumado y triste, porque lamentablemente pasará otro cuarto de siglo más y Jaén seguirá estando en el furgón de cola de las provincias españolas en esa batería de índices a que aludía al principio, y de las primeras en desempleo.

Como preciso termómetro de la situación, con una perfección casi quirúrgica podríamos verificar la pérdida de población tan notable que se está produciendo en nuestra provincia, incluso muchos años antes de que atravesáramos la última crisis económica que, dicho sea de paso, también será Jaén la que sienta con mayor virulencia los últimos efectos de la onda expansiva.

Estamos en una provincia marcadamente agrícola donde los proyectos industriales son honrosas excepciones, y el sector turístico es más ruido que nueces, porque no tenemos el atractivo de las costas, y el patrimonio histórico-cultural y nuestro potencial paisajístico y medioambiental todavía no han explotado, requiriendo de ese golpe de madurez para ser un destino con proyección.

Lo peor es que esa desaceleración demográfica no es por el descenso de nacimientos, que también, sino por el éxodo de nuestro bien más preciado, el de nuestros jóvenes, cualificados muchos de ellos, que saben que quedarse en esta provincia les limita sus posibilidades de promoción profesional.

Y es que en cualquier familia te encuentras con algún miembro o varios que han tenido que coger las maletas y buscarse las habichuelas en otros territorios más desarrollados y con más alternativas para crecer. Esta realidad es especialmente hiriente entre los universitarios. Así que si las cifras de paro en Jaén mejoran, es porque nuestros jóvenes se eliminan de las listas, luego el paro estacional, el de toda la vida sigue siendo un lastre para nuestra tierra prácticamente desde el principio de la democracia, que es desde cuando manejamos cifras oficiales.

De tal manera que nuestro mejor capital humano se nos va y ¿qué nos queda?, una provincia envejecida, con un desarrollo muy limitado, con un escaso nivel de inversiones, sin futuro y, en definitiva, poco atractiva.

A todo esto, cabrá preguntarse qué es lo que esperamos los jiennenses de nuestra provincia, o qué deseamos. Sinceramente yo no pretendo que la provincia de Jaén sea la primera de España, sería algo deseable pero es una quimera; hay que reconocer que es imposible que todas las provincias tengan el mismo grado de desarrollo, pero lo que sí es razonable es que la horquilla existente entre las provincias de arriba y las de abajo se estreche. La renta per cápita de Guipúzcoa es en 2016 el doble que la de Jaén; el intentar que Jaén se acerque a esas provincias más pudientes o al menos a la media, sin que se merme el potencial de las que más tienen, debiera ser un objetivo de las administraciones y muy particularmente de los políticos.

No olvidemos que en el conflicto de Cataluña subyace la insolidaridad de los políticos catalanes independentistas, que no del pueblo catalán, es decir, que quieren crecer sin tener que cooperar para que las provincias españolas más débiles se armonicen o corrijan su desaceleración, que viene relacionado con lo que se denomina compensación interterritorial y que no es un invento baladí, sino que viene en la Constitución, en su art. 158.2, sí, muy cerquita del 155, y que dice: «Con el fin de corregir desequilibrios económicos interterritoriales y hacer efectivo el principio de solidaridad, se constituirá un Fondo de Compensación con destino a gastos de inversión, cuyos recursos serán distribuidos por las Cortes Generales entre las Comunidades Autónomas y provincias, en su caso».

Pero es que tristemente esa previsión constitucional no se ha cumplido en la práctica, y mira que ha habido años desde que se promulgó la Carta Magna para corregir el desequilibrio entre territorios, pero como muchos preceptos, son más papel mojado que otra cosa. Y sí, tengo la acongojada certeza de que pasarán otros cuarenta años de Constitución, aun cuando se pueda modificar, y Jaén seguirá la última o de las últimas y tan alejada como ahora de las primeras, sino más, porque tengo la sensación de que la brecha no se reduce sino que se incrementa.

No soy amigo de echar las culpas siempre a los mismos, a la clase política, aunque son una parte primordial, no me gustaría caer en ese error. El desarrollo de un territorio no puede depender exclusivamente de un solo factor, tanto para el mantenimiento de una situación como para su explosión. Yo voy a exponer algunos a mi criterio.

Jaén, como ya se sabe, es una provincia con un peso del sector primario muy importante, tanto que es el que ha marcado su devenir desde siempre y sorprende que el que debiera ser motor de nuestro desarrollo desde hace décadas siempre haya ido a remolque. No somos ajenos y es algo que los que somos de aquí lo repetimos como un mantra, que en este último medio siglo los italianos se han estado llevando nuestro aceite de oliva de aquí para envasarlo allí y venderlo como propio. Hemos tardado muchos años en modernizar nuestras almazaras y envasar en origen, pero hemos perdido mucho tiempo en realizar el camino, y ahora la batalla está en la comercialización con aceites de calidad y sacando el máximo jugo a los valores añadidos; por supuesto, también queda que se modernicen las explotaciones y sus titulares y esa tampoco es tarea fácil.

También por múltiples razones sociales el jiennense es un poco conformista, no es excesivamente emprendedor ni innovador, probablemente también sea porque llevamos arrastrando un déficit cultural generación tras generación que se convierte en una barrera que no conseguimos superar. En mi localidad, Bailén, terriblemente azotada por el desempleo, en los años más crudos de la crisis recuerdo que se hizo una manifestación que contó con menos personas que las que figuraban como demandantes de empleo en las listas del INEM. Bailén, de algún modo, es un ejemplo de conformismo, los naturales de aquí se autodefinen, mitad sorna mitad decepcionante realidad, como «el pueblo de los apañaos».

Aun con la reiterada ayuda de los PER antes, y PFEA ahora, me temo que estos instrumentos han enquistado demasiado a las zonas rurales y han favorecido el conformismo y el subvencionismo. El instrumento debería tener otra serie de matices que permitieran optimizar hasta el límite la cantidad de dinero gastado, pues ya se ha visto que ha servido muy fundamentalmente para mantener rentas de muchas familias del mundo rural, pero no ha generado empleo sólido.

El factor geográfico tampoco beneficia a Jaén, es la provincia sin costa más alejada de Sevilla, partiendo de la base de que las zonas costeras tienen el importante añadido del turismo, toda una fortaleza irreductible. Aunque sea una provincia socialista hasta la médula, tampoco constato que se haga demasiado políticamente desde la ciudad hispalense, tras décadas del PSOE en el poder, para que la horquilla que nos separa de las provincias de litoral se reduzca. Estamos tan cerca o tan lejos de Sevilla como de Madrid, o en definitiva, lejos de los focos de poder, por mucho que para ir de una a otra haya que pasar por nuestra provincia.

En mi madurez vital, por aquello de que ya estoy rondando los cincuenta, puedo afirmar que casi he votado a todos los signos políticos. Desde muy joven, recuerdo que en mi época universitaria un profesor comentó un aserto de un politólogo que afirmaba que la democracia no era tanto la capacidad para poner gobiernos sino el poder que tiene la ciudadanía para quitarlos. Y con esa premisa creo que he estado votando a lo largo de mi vida, variando de rumbo, aunque no tanto de ideas, porque siempre me ha parecido que el aire fresco es necesario y porque cuando un partido se consolida en el poder adquiere inevitablemente malos hábitos. La sensación que un partido como el PSOE puede experimentar pensando que lo haga bien o mal, siempre va a estar gobernando en Andalucía abruma un poco.

Y en Jaén se vota al PSOE, respetable siempre el voto de la gente, pero pienso que ese voto que muchos llaman «cautivo» de las zonas rurales se hace no por la ilusión de que puedan mejorar sino por el riesgo de que puedan perder un estatus de normalito bienestar, otro signo del conformismo jiennense.

Los partidos políticos, unos y otros indistintamente, se mimetizan con las instituciones en las que gobiernan, de tal modo que tal o cual inversión no la ha hecho la Administración Pública, tal o cual consejería o ministerio, sino que se habla de que el PSOE o el PP han realizado determinada inversión, como si el dinero que administran, que es de todos, saliera de las arcas de su partido.

Todos los partidos políticos, todos, arriman el ascua a su sardina, yo trabajo en una Administración pública y conozco ejemplos flagrantes y sangrantes que prefiero omitir.

El otro día recibí en mi casa un folleto propagandístico del PSOE de mi localidad, que es oposición, en el que relacionaban las inversiones en el último año, llevadas a cabo en el municipio por las Administraciones autonómica y provincial gobernadas por el socialismo desde casi el inicio de la democracia y referían como un logro la inversión en educación, que por el montante incluía los sueldos de los profesores. Algo que es la prestación de un servicio básico se apunta como un tanto del partido, todo muy surrealista.

Pero, en fin, podría alargarme eternamente en lo que no deja de ser una tormenta de ideas un tanto desordenada, y llegaría a la misma conclusión que Jaén por desgracia no va a ningún sitio, Jaén también existe. Me da mucha tristeza caminar por calles o plazas y cuando yo era niño había muchos niños jugando y gritando, hoy ves a mucha gente mayor viendo pasar el tiempo. Me genera mucho desasosiego ver cómo hay infinidad de locales que otrora tuvieron bullicio y que hoy tienen un cartel de «se alquila» o «se vende», pero con la sensación de que jamás se volverá a abrir un negocio allí. Pues nada, seguiremos dando palos de ciego y gritando sordamente que no queremos independencia que queremos atención.

Y a todo esto, todo lo que expreso aquí es una opinión personalísima, cada cual tendrá la suya, la cual respeto, como espero que respeten la mía.

domingo, 22 de octubre de 2017

UNIVERSO NERF, TONELADAS DE APASIONANTE ACCIÓN

No sé, querido lector, si a Vd. le pasa lo que a mí, que cuando ve algún ocurrente aparato o producto que nos acompaña en nuestra vida cotidiana se pregunta ¿a quién se le habrá ocurrido esto? Detrás de cada artefacto, pequeña herramienta, adminículo o bien material hay una cabeza pensante que a base de ingenio u observación ha implementado cada objeto para colaborar en hacernos la vida más fácil o más cómoda.

Los juguetes también son eso, son herederos del discurrir de inventores que dieron rienda suelta a su imaginación para crear objetos del gusto de los pequeños y de los no tan pequeños. Juguetes que, aun habiendo pasado muchos años desde su creación, siguen haciendo las delicias de los menudos de cada casa.

Creo que lo he comentado en alguna ocasión en esta bitácora, que mi hijo en su primer año de vida común conmigo, dispuso de más juguetes que los que yo tuve jamás en toda mi infancia y juventud juntas. Y la paulatina y rápida acumulación de juguetes era directamente proporcional al desinterés que mostraba por ellos, más virado a la nuevas tecnologías y sobre todo a la tele, que es su debilidad.

Ocurrió en una ocasión, no sé si por el exceso de juguetes, que nos juntamos con uno repetido u otra razón, el caso es que dispusimos de un vale de una juguetería para gastarlo en lo que a mi hijo le apeteciera. Y seguro que con más desgana que otra cosa mi hijo seleccionó una pistola NERF.

Cuando mi hijo demuestra interés por algún juguete, por mínimo que sea, por poco tiempo que ocupe en su ocio, ya me debo imaginar que debe ser un invento extraordinario, que traspasa la frontera de la apatía de mi churumbel. Y la NERF representa uno de esos pequeños inventos de la industria juguetera que tiene todos los ingredientes para preguntarse ¿a quién se le habrá ocurrido esta genial idea?, o esta también que es un poco egoísta, ¿cómo no se me ocurrió a mí?

La NERF que eligió mi hijo no era exactamente una pistola sino que tenía forma de una especie de ballesta; y para ir acotando conceptos, la gama de armas de juguete NERF son pistolas, metralletas o fusiles de material plástico que lanzan balas de gomaespuma.

Mi hijo estuvo jugando en el momento de adquisición durante unos días hasta que se atrancó un poco el dispositivo y las balas se rompieron, se rajaron y quedaron inservibles. El sistema de recarga manual emula un arma de verdad, puesto que hay que tirar hacia atrás una pieza deslizante alojada sobre el cañón, que yo no sabía cómo se llamaba y un policía local no me ha sacado de la duda, pero he averiguado que técnicamente se denomina ventanilla de eyección.

Después de varios meses aparcada, descubrimos que no tenía ningún problema más que el de un par de balas que se habían alojado en el ánima del cañón y que conseguimos quitar con algún esfuerzo con unas agujas largas de las de hacer lana.

La NERF volvió a aparcarse ya durante mucho tiempo, años, fiel al desinterés de mi vástago por lo analógico, hasta que curiosamente lo descubrí este verano visionando vídeos de gente que utilizaba la NERF en todo tipo de circunstancias, hay cientos en Internet.

Viendo que los restos de balas que tenía eran inservibles, mi hijo me pidió que le comprara nuevas balas de la NERF; le recordé que una vez nos acercamos a unos chinos y no tenían, con lo que si no la tienen los chinos no creo que en mi pueblo las hubiera a la venta, y de haberlas, en jugueterías regentadas por nacionales, no serían baratas.

Así que nos pusimos a buscar si Amazon o alguna de estas plataformas de compras por Internet tenía algo de esto, que seguro, y a un precio asequible. Tardamos bien poco en ver una buena oferta y con buenos comentarios de compradores, se trataba de 100 balas hechas en China, es decir, no originales, y que costaban apenas 3 euros, eso sí, tardarían en venir un mes, y han tardado más de un mes.

Pacientemente esperamos a su llegada y, por fin, las tuvimos, mi hijo las probó sobre la pared, destrozó una fotografía suya y utilizó un blanco humano, yo mismo. Y lo cierto es que molaba, se atrancaba alguna vez, destrozaba alguna bala después de varios usos, pero por el inapreciable precio que tiene la unidad, no importa que algunas haya que desecharlas. Eso sí, las que nosotros adquirimos tienen el disco un poco más duro que las originales, lanzada a corta distancia en una zona sensible puede hacer un pelín de pupita.

En fin, tres euros para una diversión que ya ha durado varios ratos, horas diría yo, está muy bien. Y a todo esto, el otro día nos la llevamos para probarla a las afueras de mi barrio, para derribar torres de latas y coincidió que había niños de varias edades cerca de donde estábamos y aquello fue una fuente de atracción para todos, desde pequeños de tres años hasta alguno ya adolescente y, por supuesto, para mí, que no perdí la oportunidad de intentar hacer puntería.

Dicho esto, y haciendo un breve paréntesis, creo observar que últimamente ya no hay la presión que había en los años 80 y 90 en torno a los «juguetes bélicos», en Internet se encuentran opiniones de todo signo, incluso de psicólogos. Mi opinión es que, dudo que una réplica de un arma, pueda incitar por sí misma una inclinación a la violencia. A la mayoría de los niños le gusta probar esas armas, como yo aprecié aquel día con mi hijo, eso no te hace más salvaje ni en ese momento ni en el futuro. En realidad, la práctica de la puntería no deja de ser un acercamiento a ciertos deportes de precisión.

Yo de niño no tuve armas como la NERF, pero alguna vez probé y me gustó disparar una pistola de mixtos, también tiraba piedras (a veces con ganas de hacer daños, he de reconocerlo), tuve mi propio arco realizado manualmente, o el famoso tapacubos (hecho con la boca de una botella de leche sobre la que se alojaba un globo y desde donde se lanzaban, como si de un tirachinas se tratara, huesos de dátil a una velocidad tal que en mi calle se cuenta que a alguien le vaciaron un ojo) y nunca he sentido la necesidad de tener un arma de fuego ni para disparar contra un animal y mucho menos contra una persona, es más me considero bastante pacífico y un poco cobarde, tanto que trato de huir del lugar donde puede haber algún lío. Bueno, en la mili probé a disparar armamento de verdad y me gustó, por la puntería y eso, pero ese día a un capullo de Torredelcampo le dio por jugar a encañonarse el pecho para que lo libraran y aquello que estaba siendo un divertimento, se convirtió en una pesadilla, porque los oficiales se asustaron tanto que parecía que todos éramos unos suicidas en potencia, y nos largamos de la zona de maniobras a escape.

El denostar el juguete bélico para los niños, entiendo, que es como querer pegarse cabezazos en la pared, porque si no es la pistola, es la escopeta, es la espada (incluidas las láser), o es propiamente el mismo traje de superhéroe que casi todo niño desea tener, y precisamente los superhéroes no van repartiendo poesías ni odas a la paz. Los niños quieren parecerse a los mayores y eso forma parte de su ser, si no imitan con eso imitarán con otra cosa, y eso no es intrínsecamente malo. Por otra parte, la realidad nos dice o eso pienso yo, que jugar con una pistola de chico no te predispone para ser un violento en el futuro, máxime cuando en esta última década se ha revelado que para ser un terrorista o un cabrón ya no es necesario tener un arma. Un vehículo o una furgoneta es la nueva arma de destrucción masiva del siglo XXI; eso o también vivir en EE.UU. donde hay supermercados de armamento donde compras con tanta facilidad como compras patatas en el Mercadona.

Y a todo esto y para no desviar la atención, ¿a quién se le ocurrió lo de la NERF? Porque es todo un invento, yo ya sabía que hay una gama de NERF bastante amplia, pistolas y fusiles de varios modelos, armas manuales o automáticas (funcionan con pilas), cargadores de varios tamaños y formas, muy coloridas para generar mayor atracción en el público infantil y juvenil. Pero es que el día que estuvimos mi hijo y yo viendo la mejor oferta para sus nuevas balas, descubrimos todo el universo NERF, no solo pistolas, fusiles y cargadores varios, sino también indumentaria propia con bolsillos especiales para alojar las balas, vehículos y, por supuesto, balas, balas de todo tipo de colores (las tradicionales son de barra azul y disco naranja), pero también, otras que son silbantes, fluorescentes..., y eso sí, tanto originales como de creación china. En fin, todo un repertorio de productos para hacer las delicias de los aficionados a este juego universal.

Tal vez tenga conciencia de la existencia de las NERF desde hace no más de diez años y, sin embargo, para sorpresa mía, la NERF es casi coetánea de mi generación, porque nació en 1969 de la mano del inventor de juguetes Reyn Guyer, profesión que se me antoja muy chula, y que trabajaba para la compañía Parker, compañía esta que sería posteriormente adquirida por Hasbro. Por cierto, Guyer fue también el creador del juego Twister.

NERF, en realidad, representa las siglas de «non-expanding recreational foam», algo así como espuma recreativa no expandible, porque efectivamente la característica fundamental del producto (el original, porque del chino ya se sabe) es que la munición es inofensiva, hecha de gomaespuma o goma EVA (Etilvinilacetato), pero eso sí, con características bastante espectaculares, porque las armas NERF son capaces de alcanzar un objetivo a una distancia de unos 25 metros, y esto permite juegos de acción en el campo o en casa.

Tal genialidad de Guyer da mucho de sí como se puede apreciar, el precio de las armas no es excesivo, una básica se puede comprar por 20 euros, y la munición (no original) es bastante barata, incluso aunque se pierda o se rompa, tanto para gastarte 3 euros, aunque haya que esperar un mes; y es que si se tuviera que tasar el valor de una hora de juego de un niño (mi hijo ya ha echado bastantes ratos), la diversión proporcionada por esos 3 euros o por los 20 que costó el fusil, los doy como buenos, porque prefiero que esté ocupado de vez en cuando con juegos convencionales que no enganchado a maquinitas.

sábado, 14 de octubre de 2017

UN CÓRDOBA QUE LE QUITÓ UNA LIGA AL BARÇA, UNA QUINIELA Y UNA HISTORIA CURIOSA

Formación del Córdoba C.F. en la temporada 1971/72
No sé por qué, pero el fútbol, que me ha gustado siempre, hoy apenas me interesa, salvo algún partido de la liga muy interesante o las competiciones de selecciones. Porque lo que realmente me llena es el fútbol de antaño, el que yo viví cuando era joven y niño, cuando me sabía las alineaciones de prácticamente todos los equipos de 1ª División.

Mira tú por dónde que un tío de mi mujer me ha referido al menos en un par de ocasiones, una historia de esas épicas y curiosas que, en parte, se podría repetir hoy en la liga, porque trata sobre una liga que se le escapó a un grande en el último suspiro, en concreto al Barça y que tuvo como protagonista a un rival que nada se jugaba, el Córdoba C.F.

El tío de mi mujer es, a la sazón, cordobés y como buen hijo de esa tierra lleva el nombre del arcángel Rafael, que en contra de lo que pueda parecer no es el patrón oficial de Córdoba, pero como si lo fuera pues es un nombre muy popular en esa ciudad; tiene tanta raigambre que el propio campo de fútbol se llamaba «El Arcángel» y hoy en su nueva ubicación se llama «El Nuevo Arcángel».

El tito Rafalín es, a todo esto, un hombre cabal y honrado, que siempre está en su sitio, serio cuando hay que serlo y cachondo si la situación lo requiere; y me refería en la última ocasión en que rememoró aquella historia que a continuación pasaré a exponer, que en su vida laboral, ya está jubilado, cotizó durante más de cincuenta años y en su haber cuenta con cero días de baja, todo un ejemplo.

La historia que apenas hace un mes que me volvió a contar tiene tanto de novelesco que me pareció interesante acudir a Internet que es una fuente del saber para perfilarla, no porque no me la creyera sino porque quería disponer de los datos precisos.

Él refiere que era la última jornada de la liga española de 1971/72 y estaba viendo el partido Córdoba – Barcelona desde el balcón de un bloque de pisos aledaño al antiguo estadio de «El Arcángel», y que en los compases finales del encuentro hay un penalti a favor del Córdoba que se encarga de transformar Fermín, y que aquel postrero triunfo por 1 a 0 le daba aquel campeonato al Real Madrid. Pero eso no quedaba ahí, porque el tito Rafa llevaba una quiniela con trece aciertos y si el Córdoba rompía el empate haría el pleno (entonces la quiniela solo contenía catorce partidos) y previsiblemente una buena cantidad de pesetas.

Y como he comentado antes, no por desconfiar del tito Rafa, lo cierto es que quería ilustrar esta historia que me pareció que tenía mucha enjundia, muchos ingredientes atractivos, porque yo sé que pasado el tiempo muchas veces la realidad se puede distorsionar.

Y la historia es casi igual, pero es como sigue, en realidad, no se trataba de la última jornada de liga sino de la penúltima. El Real Madrid tenía el objetivo en esa temporada de resarcirse de las dos anteriores en las que había tenido una actuación bastante mediocre, un 4º y un 6º puesto, algo bastante indigno para las huestes del mítico don Santiago Bernabéu que por aquella época aún señoreaba en el palco del estadio que tenía y tiene su nombre, si los chinos no lo impiden.

Después de un buen inicio liguero, en contraposición a su gran rival de siempre el F.C. Barcelona, lo cierto es que acercándose el desenlace del campeonato el Madrid comenzó a desfondarse y el Barça a resurgir de entre las cenizas, algo que no es extraño en la historia de la liga y que casi cada temporada se produce tanto en un lado como en otro. De hecho, el Madrid venía de perder en la antepenúltima jornada ante el Deportivo de La Coruña por 1 a 0 y el canguelo ya era patente.

Antes de afrontar esa penúltima jornada el Real Madrid disponía de dos puntos de diferencia con respecto al Barcelona y cuatro con el Valencia, y cuatro puntos por disputar, a todo esto cabe recordar que entonces la victoria valía dos puntos y no tres como ahora.

Pero el calendario le era propicio al Barça y no tanto al Madrid, en tanto en cuanto los catalanes le tenían el golaveraje ganado a su rival, y en dicha jornada el Barcelona visitaba al Córdoba que ya estaba matemáticamente descendido, mientras que el Real Madrid tenía una complicada visita al Vicente Calderón en el derbi madrileño.

Los "madridistas" del Córdoba, Fermín, Del Bosque y Sanchís
Así las cosas, el Barcelona se presentó el 7 de mayo de 1972 en El Arcángel con un ilustre cordobés bajo palos como era Reina, padre del icónico Pepe Reina, el cual recibió una sonora ovación por parte de sus paisanos; enfrente un Córdoba que no se jugaba nada, la honrilla o quién sabe si algo más. En las filas cordobesistas estaba un chavalín llamado Vicente del Bosque, y también otro madridista como Fermín, de hecho, el Córdoba seguía la estela de los modestos clubes de hoy día que contaban en sus filas con jugadores jóvenes de las canteras de equipos grandes para foguearse. El conjunto local tenía como estrella al joven Manolín Cuesta, que a la postre triunfaría unas temporadas después en el R.C.D. Español. Ese año también militaba en el Córdoba Sanchís, el padre de Manolo Sanchís, ya en el ocaso de su vida deportiva, pero ese partido no lo jugó.

Las noticias que venían del Vicente Calderón no podían ser más favorables para los intereses del Barcelona, el At. Madrid estaba destrozando al Real Madrid, y los tantos curiosamente eran coreados por la grada (interminables ovaciones relataba un reportero de la época) que llenaba El Arcángel. Pero el caso es que no solo valía la derrota del Madrid, sino que el Barça tenía que hacer sus deberes, y ganar, el empate no le valía, pero los Asensi, Marcial, Juan Carlos o Rexach no acertaban con la portería defendida por Molina.

En el minuto 54, luego no fue al final de partido sino prácticamente en el comienzo de la segunda mitad, tras una internada de Manolín Cuesta en el área, este cae derribado y se salda con un penalti; penalti que se encarga de materializar el «madridista» Fermín. Después fue un quiero y no puedo por parte del Barça que veía como se le escapaba la Liga, y también contó con el ingrediente polémico de que los barcelonistas reclamaron hasta tres penas máximas en el área del Córdoba, muy típico.

Los diarios de la época acentúan el excesivo celo de los jugadores del Córdoba, que no se jugaban nada, o que no demostraran ser un equipo de 2ª, o el caserismo del trencilla de turno que no era otro que el colegiado vallisoletano Pascual Tejerina con el que «no se pudo hablar». «Nuestro equipo ha sido víctima de un descabello», afirmó el presidente blaugrana en esas fechas D. Agustí Montal, aludiendo a todo lo acontecido.

¿Maletines? Existieron, existen y existirán. Cabe recordar que el Madrid también perdió dos ligas en sendas temporadas en Tenerife cuando los canarios tampoco nada se jugaban, y resultados extraños y esfuerzos inopinados de equipos que no se juegan nada van a seguir ocurriendo. En el Córdoba, al menos, es importante reseñar que militaban jugadores de la cantera madridista y no me imagino a Del Bosque levantando el pie del acelerador, cuando el que se jugaba la Liga de esa temporada era su Madrid, parece obvio.

No obstante, para la última jornada no estaba decidido el título liguero, pero ya era menos factible para el Barcelona y para el Valencia (el Valencia había aprovechado los tropiezos de los dos grandes y se había acercado a dos puntos del Madrid), porque ambos tenían que esperar una carambola, y básicamente el pinchazo del Real Madrid, al que le valía con el empate, para proclamarse campeón. Ese último choque se disputaría en el Santiago Bernabéu ante un Sevilla que ocupaba el antepenúltimo puesto de la clasificación y que todavía tenía esperanzas de mantener la categoría, aunque dependía de terceros, de lo que hicieran Burgos y Deportivo de La Coruña que jugaban entre sí (y que empatarían). El Madrid apenas alimentó la tensión y a los dieciocho minutos anotaba el 1 a 0 para irse al descanso con dos goles en su casillero. En la segunda mitad culminaba su buena temporada con un triunfo por 4 a 1. A todo esto el Valencia haría sus deberes ganando a la Real Sociedad 2 a 1, y el Barcelona perdería, se ve que le afectó el varapalo de la semana anterior en la ciudad de la Mezquita, y cayó en su feudo del Camp Nou por 0 a 1 a manos del Málaga.

Ahora bien, se me había quedado en el tintero la segunda parte de esta simpática historia, y es ¿qué pasó con la quiniela del tito Rafa? La verdad es que tampoco recuerdo con exactitud si me dijo que había conseguido algo más de 200.000 pesetas, pero sí que rememora que la quiniela ni siquiera la hizo él, sino su mujer, al azar.

Nuevamente he acudido a los registros de la época para saber lo que tocó, hubo una recaudación de unos 303 millones de pesetas, de los que se repartían el 55 % en premios y el resto para las arcas del Estado, buen negocio, no sé si este reparto se mantendrá en la actualidad. Hubo una cifra importante de máximos acertantes, 358 que recibieron cada uno 155.653 pesetas. La ausencia de variantes en aquella quiniela (solo tres) hizo que fuera relativamente fácil o lógica, pese al inesperado 1 del Córdoba. Es curioso pero, a título de ejemplo, la última quiniela de la pasada jornada registró menos recaudación que aquella de 1972, y es que antes la quiniela era popularísima, y ahora con la avalancha de juegos y apuestas existentes se divide mucho el mercado.

El tío Rafa refiere que con esa cantidad pudo hacer muchas cosas: comprarse un piso, un coche, montar un taller mecánico que la familia mantiene hoy día y, en definitiva, lo necesario para casarse. Aquella cantidad que tal vez él la recuerde más generosa, también él la calculó en el valor que tendría hoy por el volumen de inversiones que hizo y no estaría por debajo de los 300.000 euros, y ese sí que es un cálculo muy acertado.

En definitiva, que aquel Córdoba que era un convidado de piedra le quitó la Liga 1971/72 al F.C. Barcelona y prácticamente se la regaló al Real Madrid, mientras que el tío de mi mujer lo veía en un lugar de excepción y comprobaba que aquel gol de Fermín le ayudaba prácticamente a impulsar una vida familiar y laboral esforzada pero también satisfactoria, desde luego aquella quiniela hizo justicia y cayó en quien se la merecía e hizo méritos posteriores para ser digno de un regalo tan especial.

sábado, 7 de octubre de 2017

"LOS TATUAJES NO SE BORRAN CON LÁSER", DE CARLOS MONTERO

Con la etiqueta o subtítulo de «El libro que tus hijos no querrán que leas...», a modo de eslogan para captar la atención del lector, se nos presenta esta novela de temática actual que, precisamente por esa frase captó mi atención y saqué de la biblioteca de mi localidad. He de decir que la he leído en tiempo récord, primero porque es fácil de leer y segundo porque es una temática que efectivamente llama la atención, aunque tengo ciertas reservas.

Previamente hay que señalar que el autor es un habitual guionista de series de televisión, entre ellas, «Al salir de clase» y «Física y química», de esta última fue su creador. Y la novela se enmarca en esta estela, las historias de jóvenes interactuando con adultos, donde la moral se relativiza a raudales.

Si he de ser sincero la obra está muy bien escrita y engancha, lo hace porque es una especie de culebrón fino, en el que tienes que seguir leyendo porque quieres enterarte de todos los trapos sucios, de todo lo que va a suceder, de cuál va a ser el final; pero no me gusta tanto el enfoque que se le da a los personajes, con esa moral muy laxa.

Cabe explicar esto y hacer una reflexión que no es sencilla, ni probablemente breve, esas series y otras más actuales, llámese «La que se avecina», gravitan sobre una sociedad irreal, no digo que las conductas que en ellas se reflejan no ocurran en la sociedad, pero se trata de una imagen exagerada, no todo el mundo se acuesta con todo el mundo, no todo el mundo tiene como principal «valor humano» el egoísmo o no todo el mundo se dedica todo el tiempo a rajar de su vecindad.

Bien es cierto que la realidad supera muchas veces la ficción, pero es algo puntual, por más que los informativos nos hagan pensar que porque una mujer muera a manos de su esposo, existe un virus generalizado en la sociedad de violencia hacia la mujer. Por más que parezca que los niños de «Física y química» estaban de juerga (de orgía) más que estudiando o asistiendo a clase, eso no ocurre ni todos los días ni los muchachos y muchachas de esas edades están en esa tesitura.

Que no me haya gustado la temática, aunque me haya enganchado el libro por el morbillo y también por su lectura fácil y ágil, sería claramente desmontado por el escritor que podría argumentar que en su libertad de ejecutor de la obra puede generar la realidad que le dé la gana.

¿Escenarios irreales? No digo que sean irreales, sí que afirmo que con la trama que nos presenta Carlos Montero, esta es extrema: los personajes tienen una amplísima libertad sexual; las drogas están presentes; algunos personajes no son de una clase media como tal, no son hijos de fontaneros u obreros, surgiendo profesiones poco habituales, tales como aviador, profesor de universidad, guionista de televisión, productor de televisión, actores; y también, por ejemplo, los nombres, no son Pepe, Antonio o Juan, hay una Asia, un Rómulo, un Dámaso, un Mauro, un Sergi; ah, y Asia la principal protagonista, no juega al fútbol o al baloncesto, es nadadora, y buena, es de Madrid.

Sin ánimo de destripar el libro, por si alguien quiere leerlo, Asia es una joven de 16 años que decide tatuarse un revolver en su zona inguinal, como la actriz de su serie favorita, ese día de fin de semana junto con su amiga Nerea acude a una fiesta en la que se encuentran otros compañeros del Instituto.

Queriendo emular a los protagonistas de la serie de moda «Tabula rasa», casi sin comerlo ni beberlo, que sí quiero que no quiero, se encuentra inmersa en una espiral de alcohol, drogas y sexo. La noche ha sido tan larga que Asia amanece desnuda en el fondo de la piscina vacía de una vivienda del extrarradio de Madrid que la familia de Mauro no utiliza, y junto a ella está un compañero de clase que va en silla de ruedas.

La desesperación de los padres (divorciados) de Asia no puede ser más patente, y hacen lo que unos padres harían, llamar a los amigos, buscar por todos sitios y finalmente acudir a la Policía. Asia volverá a casa tras más de 24 horas fuera de ella, vagando por Madrid y tratando de que la bola no sea muy gorda e intentando recordar qué ha ocurrido.

Los padres de Asia no quieren que esto se quede en una aventura pasajera de una adolescente y pondrán la correspondiente denuncia por violación a una menor. Los cuatro implicados quedarán absueltos, pero la relación de Asia con sus compañeros quedará muy dañada o casi, porque Asia aún se desvive por Mauro.

Paralelamente tenemos la historia de Quique, el creador y guionista de «Tabula rasa», que tiene sus cuitas con los actores de la serie, con la productora, con la cadena que la emite y con el sursum corda, nos mete de lleno en los intríngulis de una serie de televisión y probablemente sea algo muy real. Quique, a todo esto, es homosexual, de vida alegre, amante del polvo blanco..., y curiosamente tiene una aventura con Sergi (uno de los protagonistas de la otra historia), y ambas historias funcionan prácticamente en paralelo hasta que al final se fusionan. Se podría resumir esto en que Sergi conoce al creador de la serie que encanta a los jóvenes y que «inspiró» la fiesta local de aquel marcado fin de semana.

El divorcio de los padres de Asia choca con el problema que tienen encima, cómo actuar, cómo gestionar la adolescencia complicada de su hija. Por cierto, en una clara manifestación de lo forzado del argumento en ocasiones para hacerlo más grandilocuente, los padres en mitad del jaleo y de la gravísima tesitura en la que se encuentran, no tienen mejor cosa que hacer que tener escarceos en la cama.

El padre de Asia dará parte de los acontecimientos de aquel día de autos a un periodista, y lo que estaba limitado a un ámbito reducido de personas, pasará a ser conocido por toda la opinión pública, e incluso tendrá su debido reporte en un típico programa de debate rosa, al que tendrá que acudir Quique como responsable indirecto de influir negativamente en la juventud.

Todo se va precipitando y se va esclareciendo lo que realmente ocurrió, también casi al final, como un destello de esperanza se percibe que hay algunos personajes rectos, muy pocos, y que la mayoría, tristemente la mayoría (quiero imaginar que no es un reflejo de la sociedad) carecen de valores, son egoístas, se mueven por sus instintos más básicos, son rastreros...

Curiosamente, por lo que cuenta el libro es evidente que tiene bastantes tintes autobiográficos, no sé cuánta parte de Carlos Montero habrá en el Quique de «Los tatuajes no se borran con láser», pero puede que mucha; por cierto fue la primera novela de este autor.

«El libro que tus hijos no querrán que leas...», mi hijo se acerca a la adolescencia, y no la afronto con miedo, huyo de ese tópico de muchos padres, mi hijo fue deseadísimo, esto hay que afrontarlo con mucha educación y con diálogo.

domingo, 1 de octubre de 2017

JOHN CAGE Y SU 4'33'', ¿ELEGÍA AL SILENCIO, ARTE APARTE O BROMA DE MAL GUSTO?

Sé que no debería profundizar en terrenos donde no estoy avezado, y fundamentalmente en la música, donde mis conocimientos de la técnica son casi vanos y me tengo por un simple observador y aficionado a esta.

Lo cierto es que estos últimos meses me ha dado el gusto de indagar en músicas que rompen clichés, ya he puesto alguna referencia en esta bitácora, pero el hecho de descubrir cada día nuevas formas de hacer música, por absurda que pueda ser su ejecución, por increíble que nos pueda parecer, no es que me llene, porque mucho de lo que escucho es un petardo, sino que me abre la mente. En la música todo es posible, y todo es prácticamente todo.

El personaje que hoy traigo a colación, John Cage, creo que lo estudié en la asignatura de Música en 1º de BUP que, en contra de lo que pueda parecer, a mí me sirvió de mucho; en esa materia no se impartía nada de partituras de música, sino Historia de la música, y especialmente se incidía en los compositores del siglo XIX y XX, con las innovaciones que traían y que fueron preludio, en cierto sentido, de muchas de las músicas que hoy suenan a nivel comercial.

Cage fue uno de esos músicos experimentales, teóricos de la música, influido por otros pioneros de su época (segundo tercio del siglo XX), que intentaba buscar nuevos horizontes; sus estudios sobre la música aleatoria y la improvisación son sumamente reconocidos.

Pero Cage que a lo largo del siglo XX se hizo un nombre en el panorama musical, quiso dar un paso más, y se preguntó si el silencio podría tener música. Y se planteó interrogantes que tal vez nadie se había hecho hasta ese momento. La música o el sonido son conceptos humanos y propios del planeta Tierra, si viajáramos al exterior, no habría que irse más que unos kilómetros fuera de la atmósfera, entonces el silencio sería absoluto.

La naturaleza tal y como la conocemos genera sonidos, el ser humano, que es el que más influye sobre esta, también, y cuando el homo tuvo la conciencia de modular el sonido es cuando nació la música. Esto que en apariencia es simple nos deja otras cuestiones en el aire, ¿es la música la ruptura del silencio?

Probablemente en la vida de muchas personas, yo diría que de la mayoría, hay más momentos para el silencio que para el sonido, nuestros sueños se hacen en silencio y si los hay en el exterior nuestras fases oníricas nos ayudan a no tener conciencia de ellos, y a lo largo del día también hay muchos silencios. En este sentido la música solapa el silencio, pero también solapa otros sonidos.

En la música el concepto de silencio no es ajeno, el silencio es tan importante como las notas en sí, le da armonía, sonoridad, el contrapunto; la música sin silencios no tendría la concepción que hoy tenemos de ella. Y Cage se planteó qué pasaría si esos silencios fueran la propia música, o básicamente ¿cuál sería la música del silencio?

Parece que este concepto del silencio intrigó sumamente a Cage a lo largo de su vida. El silencio sería la ausencia de sonido, siempre y cuando no estuviéramos en la Tierra, algo imposible por obvio, por tanto, para el ser humano el silencio nunca podría ser esa ausencia de sonido. Esta obviedad dio paso a otro enigma que se planteó, entonces ¿a qué suena el silencio? Cage accedió a una cámara anecoica (técnicamente es una sala diseñada para absorber en su totalidad las reflexiones producidas por ondas acústicas o electromagnéticas, una especie de burbuja) en busca de ese silencio y descubrió ¡oh sorpresa!, que el silencio no se lograba, él respiraba, escuchaba los latidos de su corazón, su sistema nervioso en movimiento, era otra obviedad, de no sentirse a sí mismo estaría muerto.

Así que llegó Cage a la conclusión, que no por evidente también podemos calificar de audaz por la forma en que llegó a la misma, de que el silencio no existe (en la Tierra), este se llena con algo con sonidos, por tenues o imperceptibles que estos sean, salvo que estemos dormidos o inconscientes. Y yo añado, la percepción del ser humano del silencio absoluto no se conseguiría jamás ni en la Tierra ni fuera de ella, fuera de ella también se escucharía a sí mismo, su respiración, su pulso...

De esa audacia por buscar respuestas Cage pasó en 1952 a rizar el rizo, por decir algo que es difícilmente calificable. Este compuso una obra del silencio con silencio. Según se cuenta este músico se tiró varios años dándole vueltas a la cabeza y fue su composición más elaborada para trabar una elegía al silencio, y fue así como nació su obra cumbre 4'33'', o cuatro treinta y tres, cuatro minutos y treinta y tres segundos que básicamente es la duración de la obra. ¿Y qué hay en la obra? Nada. Bueno, no es eso, están todos esos sonidos que fluyen durante el silencio terráqueo.

Lejos de que esto pudiera parecer un chiste, esta obra compuesta en tres movimientos se interpretó por primera en dicho año por el pianista David Tudor como parte de un recital de música contemporánea para piano. Probablemente fuera en mitad de la actuación, para que tuviera su debido protagonismo, aunque algunos señalan que fue lo primero que hizo. Se sentó al piano y cerró la tapa del teclado, después lo abrió un poco para señalar el final del primer movimiento; el proceso se repitió para el segundo y tercer movimiento, y ello durante esos cortos o largos 273 segundos, ni uno más ni uno menos.

¿Y se quedó tan pancho? El atrevimiento de esta composición curiosamente es el que la dio la máxima fama a John Cage, que nadie lo olvide, su 4 33 es una obra que cualquier director que se precie conoce, otra cuestión bien diferente es que la haya ejecutado. La clave de la composición es que mientras se lleva a la práctica esta se compone aleatoriamente de todos los sonidos que están presentes: un movimiento, el crujido de un mueble, el canto de un pájaro en el exterior, una brisa...

Huelga decir, y que nadie se lo tome a coña o sí, que es una composición que puede ser ejecutada por un solista o también multiinstrumental. Y también cabe señalar que el 4 33 se ha interpretado en numerosas ocasiones y ejemplos en Internet hay y no pocos.

Después de todo esto lo que queda preguntarse es si esto es serio, si es una broma o es arte aparte. Yo tengo mi propia opinión y estoy convencidísimo de que John Cage iba completamente en serio, se dice que lo que hace una persona que es de fiar es fiable, y Cage no fue precisamente un músico chusquero, sus composiciones de hace más de medio siglo, de música aleatoria y ambiental están plenamente presentes, son magníficas, era un adelantado a su tiempo. Y, por supuesto, si el 4 33 nos puede parecer hoy día un sacrilegio, hace ya casi tres cuartos de siglo sería una bomba.